El tema de la movilidad urbana emerge como un nuevo reto para las políticas ambientales y urbanas, en el desarrollo social y económico de la situación del país en el que las tasas de aumento de la urbanización, las limitaciones de las políticas de transporte público y la reanudación del crecimiento económico han implicado un aumento significativo en los vehiculos motorizados (automóviles y motocicletas) y flotas de vehículos dedicada al transporte de carga.

En otras palabras, el patrón de movilidad centrada en el transporte privado es insostenible, tanto en lo referente a la protección del medio ambiente y el cuidado de las necesidades de desplazamiento que ofrece la vida urbana. La respuesta tradicional a la congestión, mediante el aumento de la capacidad vial, fomenta el uso del automóvil y genera congestionamientos, alimentando un círculo vicioso responsable de la degradación de la calidad del aire, el calentamiento global y el deterioro de la calidad de vida en las ciudades (aumento niveles significativos de ruido, pérdida de tiempo, la degradación del espacio público, el pisoteo y estrés).

 

La movilidad sustentable es la función pública destinada a garantizar la accesibilidad para todos; y este objetivo implica la obediencia a las normas y prioridades que cumplan con los desplazamientos de los modos colectivos y no sólo motorizados manera de reducir los efectos negativos causados por el uso predominante del coche.